ACS va a ser una compañía más concesional y constructora en los próximos años, apoyada en el crecimiento de Abertis (al 50% con Atlantia), el motor del beneficio en 2021, y pendiente de las oportunidades de inversión que se le presenten tanto en el mercado de autopistas greenfield (construcción y operación), como en el secundario (brownfield). Estos son los tres grandes mensajes que ayer dio Florentino Pérez, presidente de ACS, a los accionistas durante la junta telemática de la compañía. 

Según los cálculos de la empresa, el beneficio podría crecer cerca de un 30% este año, lo que equivale a unos 750 millones de euros. El año pasado, ACS ganó 574 millones, un 40% menos por culpa del coronavirus y su impacto sobre los resultados de Abertis. 

En el crecimiento estimado por ACS será clave la recuperación de los tráficos en los peajes de Abertis, que el año pasado cayeron de media más de un 20%, especialmente en España, donde los descensos fueron más acusados (por encima del 30%) y donde el grupo perderá a partir de agosto la gestión la gestión de Acesa, la filial más valiosa junto a Sanef.

Desde 2019, Abertis ha perdido cuatro activos de su cartera y los ha reemplazado por otros tres, con una deuda neta acumulada de 24.400 millones  de euros a cierre de 2020. La concesionaria española “fue un gran paso estratégico y es una compañía que sigue explorando oportunidades de inversión en el mercado brownfield de autopistas después de adquirir RCO en México y los túneles Rlisabeth Crossing en EEUU”, señaló Pérez. Estas dos últimas adquisiciones representan una inversión de 6.500 millones de euros en términos de valor de empresa. 

El primer ejecutivo y máximo accionista de ACS repitió ayer varias veces la capacidad de adaptación de la empresa, sobre todo, en el último año por los efectos provocados por el Covid. “Hemos sido un grupo que ha demostrado su capacidad de adaptación en toda su historia”, indicó Pérez en un momento en el que la empresa española se enfrenta a una profunda transformación después de acordar la venta de su división de servicios industriales a la francesa Vinci por 4.900 millones de euros.

Sobre la macro desinversión, Florentino Pérez puso el acento en la creación de una empresa conjunta con Vinci para desarrollar 25.000 MW renovables. Según las estimaciones realizadas, se trata de una compañía con un valor estimado de 1000 millones. 

ACS pretende emplear los fondos por la venta de la división industrial en la compra de más autopistas de peaje. El foco está puesto en Autostrade. El plan de ACS es integrar con Abertis aprovechando que Atlantia ya dispone de un 50% de la española. Pero a día de hoy, las conversaciones de Atlantia están circunscritas a la oferta presentada por el banco público CPD junto a los fondos de inversión Macquarie y Blackstone. El consorcio inversor ha puesto encima de la mesa 9.300 millones y una serie de ventajas concedidas por las autoridades italianas. 

Sobre la evolución de la acción, que en 2020 retrocedió algo más del 18%, Florentino Pérez confía en qué mercado valore los esfuerzos realizados. “Confiamos que el precio de la acción reflexione pronto su valor fundamental, apoyándose en los fundamentos económicos y financieros de ACS, respaldados por el proceso de transformación que estamos realizando”.

Los accionistas dieron ayer el visto bueno a las aplicaciones de capital necesarias para la distribución de un dividendo de 1,85 euros por acción. En total, la retribución asciende a 574 millones, importe que se suman los 46,2 millones ya entregados cómo dividendo compensatorio, lo que resulta en una cantidad superior a 620 millones.

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